viernes, 21 de mayo de 2010

El cinturón europeo

La libertad vigilada muchas veces es la excusa para hacer algo o mas bien para no hacer nada.

Cuando nuestros representantes hacen algo incomodo lo argumentan con que la orden viene de Europa y cuando no hacen nada, el mismo argumento, la competencia sobre eso es de Europa.

Me hizo gracia una frase que oí el otro día. Decía algo así como "estas medidas contentarán a los mercados". Y yo pensé, sería mejor contentar a las personas.

Siento mucho el apretón que se le ha dado a los funcionarios. Pero los recortes que están sufriendo ahora ellos, los llevan sufriendo hace dos año ya muchísimos trabajadores de las empresas privadas. Puede ser que sea en cubierto, pero la pérdida de salario es real.

Por cierto los sindicatos deberían saber que no solo hay trabajadores en la empresa pública, en la privada también hay.

Profesionales

La profesionalidad es algo indispensable para la empresa y la persona.

El problema es que hay muchas veces que los mejores profesionales no están en las empresas adecuadas donde pueden desarrollar esa profesionalidad.

Si existiese la suficiente flexibilidad en las relaciones laborales, encontraríamos con bastante frecuencia, empresas con los mejores profesionales para su actividad. El conjunto empresa-empleado perfecto.

Mientras tanto solo conseguiremos que algunos trabajadores vayan a la empresa a cumplir con su horario, pero otra cosa es que realicen lo que su puesto requiera.

Mercado y personas

Probablemente bajo mi punto de vista deberíamos quitar la palabra mercado y hablar de relaciones laborales. Mercado y personas no suena bien.

Pienso que en el futuro (cuando esto pase), las relaciones laborales se basarán cien por cien en la personas y sus emociones. Puede ser que el problema, sea que dicha relación se vea como una relación de mercado. Cuando empecemos a tratar las relaciones laborales como una relación de persona a persona, puede ser que hallamos dado un gran paso en este gran conflicto.

Seguramente habrá personas que dirán "bastante tengo con conservar mi trabajo, como para pensar en esas tonterías". Entiendo que los momento son muy difíciles, pero ahora es cuando debemos ir haciendo cambios aunque sea poco a poco. Lo agradeceremos en el futuro.

Trabajo y familia

Trabajo y familia siempre han provocado un grado de incompatibilidad. Yo siempre defiendo lo mismo, nunca seré feliz en mi trabajo si no disfruto de mi familia y no podré ser totalmente feliz con mi familia si en mi trabajo no estoy satisfecho y me siento realizado.

Desde la empresa se puede hacer algo muy sencillo. Probar, eso no hace daños a nadie.

Tenemos que cambiar la mentalidad, no es necesario sacrificar a la familia para conseguir nuestros logros laborales. Eso es un mito que existe para el empresario, pero que lo sufren millones de empleados.

Yo animo a las empresas a que cojan a sus empleados, los pongan a jornada continua y midan su rendimiento y lo comparen con la etapa anterior. Podríamos hablar de multitud de indicadores que reforzarían ese sistema, pero solo con decir que serían más felices, creo que es suficiente.

Trabajando 8 horas seguidas, me quedan 16 para disfrutar de mi familia y de mi mismo. Os aseguro que eso se ve reflejado en mi trabajo.

Actualicemos las relaciones

Como bien dices, todo va cambiando y ese cambio es imposible pararlo. Si no nos damos cuenta de ello, es probable que se nos escape el tren y no podamos subirnos a el.

Esto creo que es lo que está pasando. El olor a crisis se empezó a sentir sobre 2007, pero nadie hizo nada, nos pusimos la venda en lo ojos y no quisimos ver nada.

Respecto a las relaciones laborales pasa lo mismo. Que yo recuerde, hace muchos años que no se ha producido una reforma laboral en condiciones, pero reforma reforma, no pequeños retoques. El tratamiento que se ha dado a las relaciones laborales desde hace 20 o 30 años no debería ser el mismo que en la actualidad. ¿Es que en 20 años no ha cambiado nada?. Pues si ha cambiado todo, queramos o no verlo.

La clave está en como realizar cambios sin cabrear a empresas y empleados. La solución está clara. Como ninguno está dispuesto a ceder, lo mejor es cabrear a los dos y hacer lo que es necesario, actualizar nuestro sistema al presente.

Un empleado debe trabajar sin miedo, sin presión y sin el yugo que pueda suponer la pérdida de su empleo. Un empresario no tiene que soportar a un empleado que no cumple con su trabajo, que no desea aportar, que no se identifica con su empresa o que no lucha por ella y encima pagar un coste altísimo por desprenderse de el.