domingo, 11 de abril de 2010

Empleado y formación

Yo tengo alguna esperanza de que la gente sepa aprender de lo ocurrido con anterioridad.

La formación en muchas ocasiones no ha sido valorada en su medida y no se le ha dado la importancia que merece.

Pero toda la culpa no es de las empresas, los trabajadores también tienen mucho que decir al respecto.

Probablemente hay un gran número de empresas que destinan las últimas limosnas de su presupuesto para la formación, y si no queda pués la formación al garete.

Pero atención, el empleado debe aprovechar la formación y no ver esta como una obligación, que lo es, si no como una oportunidad. En varios cursos me he encontrado con gente que acude a los mismos con poca o ninguna gana, pués se lo han impuesto.

Soy partidario de elegir la formación con mucha seriedad e importancia. Analizarte y ver cual es la formación que te puede ayudar a mejorar a ti y a la vez a la empresa.

Una vez hecha la elección aprovecha cada minuto de esta. Ahí fuera hay mucha gente dispuesta a trasmitir sus conocimientos y experiencias y os aseguro que mucho de ello es aplicable a nuestro día a día.

La rebelión de la ignorancia

Es posible que la credibilidad nos lleve al respeto. Ganarte el respeto de los demás es gracias a la credibilidad.

El problema de hoy en día en nuestra clase política, tanto en los que mandan como en los que no, es que ni tienen credibilidad ni nos tienen respeto.

Lo increíble es que nos traten a todos como si fuésemos analfabetos y tuviésemos las orejas tan largas que no nos dejasen ni ver ni oír.

Estamos viendo todos los días que la tele es roja, pero ellos no paran de decirnos que no es roja que es azul, sorprendido me voy a mi aseo en el que puse unos azulejos rojos y confirmo que el rojo es el mismo en la tele que en mi aseo. Vuelvo a mi estado natural y pienso se han equivocado. Pero al rato oigo al tonto de turno "la tele es azul". En ese momento es cuando apago y me voy.

Consigo alcanzar algo de tranquilidad cuando recuerdo que nadie podrá privarme de mi voto y con el pasaré la factura a todos esos principiantes de magos. Lo que no se es si hay alguna opción que merezca mi voto.

Desperdiciando talento

Como el propio curso nos ha enseñado todos tenemos talento, cada uno el suyo distinto al del otro.

El problema es que en la empresa hay una serie de vicios que siguen todavía. Yo siempre hablo por mi propia experiencia y seguramentente estaré equivocado en algunas o muchas cosas.

Dentro de los veinte años que llevo trabajando en un taller la palabra talento la he oído aplicada a la empresa desde hace poco.

La estructura de la empresa ha sido siempre bastante clara. Arriba el jefe y debajo todos los demás. Eso lo aplicamos a todo, lo que dice el jefe es lo que vale sea una locura o no y desde ahí vamos bajando. No os quiero contar lo que pinta un aprendiz. Esos son los vicios a los que me refiero.

Necesitamos una revolución en los sistemas de gestión. Nos quitamos todos las galones y nos hacemos todos soldados rasos. Nos metemos en una bolsa removemos y vamos sacando uno tras otro. Cada uno que sale da su opinión y aporta su talento. Se hace una lista con todo y un comité de dirección formado por un grupo de la empresa decide que cosas se ponen en marcha.

Seguramente nos quedaríamos sorprendidos con las aportaciones, por su valor.

Vida laboral, familiar y personal

La conciliación de la vida familiar y personal con la laboral es uno de los ejes imprescindibles para un trabajo de calidad.

Yo lo quiere ver desde el otro extremo. Partimos de la base de que el trabajo por productividad no se aplica en todas las empresas sobre todo en la pequeñas.

Un buen empleado con conocimientos, formación, experiencia en un puesto de trabajo adecuado, puede hacer de la productividad un buen compañero de viaje.

Si en el trabajo estamos contentos, nos sentidos realizados y orgullosos de nosotros mismos, tenemos garantizado el 33% de nuestra felicidad diaria.

La vida es todo un conjunto, familia, trabajo, tiempo libre, etc.. Debemos conseguir que todas las partes sean satisfactorias.

Yo no puedo conformarme con tener una vida familiar y personal buena y una vida laboral penosa. Ir a trabajar para que las ocho horas se pasen lo antes posible no es recomendable.

La productividad ayuda a mejorar nuestro trabajo y calidad del mismo, eso hace que el equilibrio entre vida laboral, familiar y personal, sea bastante cercano a lo deseado.